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| Trayectoria |
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Mario Urteaga (1875-1957) |
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1891-1903: Los inicios en Cajamarca |
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1903-1911: En la capital |
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1911-1919: La pintura religiosa |
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1920-1930: Emergencia indígena y precariedad criolla |
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1930-1939: El período "clásico" |
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1940-1949: Los aņos críticos |
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1950-1957: Consagración y silenciamiento |
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Mario Urteaga (1875-1957)
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Mantiene una primacía indiscutible entre los pintores peruanos de tema indígena. Desde 1934, cuando Lima "descubrió" tardíamente su obra, ésta no ha dejado de ser un hito indispensable dentro de la búsqueda de autenticidad que orientó durante décadas el rumbo de nuestra pintura. Su peculiar estilo-una insólita combinación de fórmulas heredadas del academicismo europeo con tradiciones pictóricas de la región norteņa del Perú-le otorgaría de inmediato dimensión y carácter nacionales.
A diferencia de sus colegas indigenistas, formados en la Escuela Nacional de Bellas Artes y activos en Lima, Urteaga era un autodidacta provinciano y había desarrollado lo central de su labor pictórica en Cajamarca. Esta circunstancia contribuyó a forjar la imagen tópica del artista como producto espontáneo de su medio y a proyectar una ambivalente percepción sobre su obra, clasificada unas veces como naif y otras como manifestación independiente del indigenismo. Con una mezcla de naturalidad y clasicismo que resultaba fascinante al espectador de su tiempo, las escenas campesinas cuidadosamente compuestas por este artista periférico parecían encarnar al fin las aspiraciones nacionalistas de toda una generación: Urteaga habría logrado mostrar "los indios más indios que se han pintado", según la frase conclusiva de Teodoro Núņez Ureta. La realidad de su obra y de su vida, sin embargo, se nos ofrece mucho más contradictoria y compleja.
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