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| Catálogo Razonado |
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| De las Pinturas y los Dibujos de Mario Urteaga |
(Obras firmadas, documentadas o atribuidas)
Gustavo Buntinx y Luis Eduardo Wuffarden
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Una de las consecuencias obvias que produce la elaboración de todo catálogo razonado consiste en la ampliación del corpus conocido de un artista, sea en el curso de la investigación o posteriormente a ella. Así ha ocurrido con nuestro repertorio de 1987, que no ha cesado de incrementarse desde el momento mismo de su publicación.
En las cifras absolutas, el total de obras de Mario Urteaga que registramos entonces fue de ciento setentiuno -si se considera el n. 127 bis-, pero ello incluía el Retrato de Francisco Plasencia Aréstegui (n. 12 del catálogo anterior) que aparece esta vez dentro de la sección "Urteaga fotógrafo", por lo que no lo consideramos en nuestros cálculos comparativos.
La presente versión llega a ciento noventa y siete entradas, lo que implica un incremento de veintisiete ítems al corpus general, y más específicamente de treinta y dos obras nuevas ahora ubicadas que en 1987 se conocían sólo por referencia o se desconocían por completo. El aporte cuantitativo, entonces, es de cerca del veinte por ciento. Sin embargo, subsisten aún dieciséis obras conocidas sólo por referencias con reproducciones tomadas de otras fuentes, mientras que de treintiocho piezas apenas contamos con alusiones sin acompaņamiento de imagen. Además, doce de los cuadros ubicados en 1987 se encuentran actualmente en paradero desconocido.
Aunque este catálogo incluye unos diecisiete dibujos, el número de pinturas no dista mucho de las doscientas obras de ese tipo que antes de 1987 Zevallos estimaba como la producción pictórica completa de Urteaga. No es inverosímil que sumen unas veinte las telas adicionales que han salido al extranjero sin dejar un rastro local accesible a nuestras pesquisas. El propio artista vendió varias a norteamericanos que viajaban expresamente con ese fin. Algunas otras acompaņaron a cajamarquinos que migraron primero a Lima y luego a Estados Unidos o a América Latina. Por otro lado, un número indeterminado parece haberse perdido o destruido. A esto, sin duda, contribuyó la a veces descuidada técnica del artista, que hace difícil -y onerosa- la conservación de buena parte de sus trabajos. Pero también el lado provinciano de una producción con frecuencia concebida en función del círculo de familiares y amigos del pintor. Ajena, por ello mismo, a los mecanismos y precauciones del mercado plástico, al menos hasta la primera exposición en Lima (1934), y aún después en ciertos aspectos importantes. Esto explica la ausencia de firmas -o las firmas a destiempo- que dificultan la clasificación precisa de algunas piezas. Un comentario final amerita la significativa reescritura de muchas de las fichas antiguas, así como el aporte de datos adicionales. En esos y otros aspectos, el conjunto ahora ofrecido debe percibirse como un trabajo sustancialmente nuevo antes que como una versión corregida del catálogo de 1987.
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